El objetivo es lograr un bosque mediterráneo autóctono, diverso, resiliente y estable. Para lograrlo hay realizar un proceso de reforestación el cual incluye diversas acciones secuenciales:



Plantaciones.
Se plantarán árboles, arbustos y otros ejemplares de menor porte de especies autóctonas del mediterráneo, intentando aumentar al máximo la diversidad de especies.
En cada parcela en la que hemos divido la zona, según sus características, vamos a utilizar una composición floral (lista y proporción de especies) y una densidad (pies por hectárea).
Los ejemplares deberán proceder de viveros que garanticen una correcta trazabilidad del origen de las semillas y una alta calidad en la planta.
Las plantas que se introducen van a tener un pequeño tamaño, pues se prefiere optimizar el esfuerzo y la eficiencia. Se quieren plantar ejemplares jóvenes que enraícen, crezcan y se adapten mejor en el medio. Plantar ejemplares adultos es más difícil y suelen tener una adaptación más compleja a su nuevo hábitat natural.
Las plantaciones se realizarán mediante hoyado tradicional con azada, sin maquinaria, para reducir el impacto ambiental de la actuación en el ecosistema preexistente. Para nosotros es transcendental crear un alcorque adaptado a la topografía del terreno y con una morfología que sea capaz de captar y retener el mayor volumen de agua posible (aportada de forma natural por las lluvias o en los riegos).
Cada ejemplar va a contar con un protector con tutor que mejora su viabilidad al evitar la herbívora, disminuir la insolación, permitir la captación de la humedad ambiental, facilitar su localización, etc.
Las plantaciones se deben realizar siempre en las épocas de otoño-invierno, periodo adecuado para la plantación de especies del bosque mediterráneo.
Siembra.
Como medio complementario se quieren sembrar bellotas (principalmente de encinas, pero también de coscojas), así como otras posibles semillas forestales. Esta siembra se realizará si las condiciones ambientales son óptimas (normalmente otoño-invierno) y se ha conseguido un suficiente reservorio de semillas de calidad procedentes de varios ejemplares cercanos.
Mantenimiento de primavera.
Destinado a preparar las plantas para el mantenimiento del verano. Se realizará de mediados a finales de primavera y consistirá en el arreglo de alcorques, recolocación de protectores y tutores, aporte de materia orgánica para el acolchado (mulching), etc. Si fuese necesario se podría realizar un riego adicional.
Mantenimiento y riegos de verano.
Se realizan tres veces labores de mantenimiento y riego de los ejemplares plantados y sembrados durante el verano siguiente a la plantación o siembra de cada ejemplar. El segundo verano tras su plantación y siembra estas labores se reducen a dos. De esta manera se mejora el arraigo y la supervivencia de los ejemplares introducidos, que, pasados estos primeros veranos, deberán sobrevivir por sus propios medios. Tenemos que lograr un difícil y complejo equilibrio entre cuidar a las plantas para evitar la mortalidad y fomentar su necesaria autonomía. A partir del segundo año de mantenimiento, cuando las plantas ya están lo suficientemente crecidas los protectores son retirados del entorno para minimizar la cantidad de residuos que dejan nuestras actuaciones y si es posible serán reutilizados para nuevas plantaciones.
Reposición de marras.
Tras la plantación y las labores de mantenimiento y riego, algunos ejemplares, por diversas cuestiones, no habrán arraigado bien y no serán ejemplares viables para su crecimiento autónomo, es lo que se llama una marra. Una vez pasado el periodo de mantenimiento y riego se pueden cambiar estas “marras”, por unos nuevos ejemplares, a los que se volvería a hacer el mantenimiento y riesgos mencionados.

